Dublín (Baile Átha Cliath) es la capital de Irlanda y la ciudad más poblada de la isla. Está ubicada cerca del centro de la costa este sobre el mar de Irlanda, en la desembocadura del río Liffey y en el centro del condado de Dublín.

El clima en Dublín es probablemente lo más complicado que puedes encontrar en un viaje a este destino. Lo mismo sale el sol 5 minutos que los 5 siguientes empieza a llover o se nubla y 5 después vuelve a cambiar. Lleva paraguas a mano, y ve por capas cual cebolla. Es la mejor recomendación que podemos daros.

Transporte

El aeropuerto de Dublín está relativamente cerca de la ciudad y la mejor opción para llegar a la misma es en autobús. Puedes optar por el transporte público, con los autobuses Airlink 747 y 757 que hacen dos rutas diferentes al llegar al centro de la ciudad, pero el último bus desde el aeropuerto es a las 12 y media de la noche, con  frecuencias que varían desde 10 a 30 minutos según la parte del día en que nos encontremos. Si llegas después de las 00:30, la otra opción es Aircoach que también opera dos líneas con diferentes rutas durante todo el día, con una frecuencia de 15 minutos hasta las 12 de la noche y de 30 minutos entre las 12 y las 3 y media de la mañana. El precio es de 6 euros y 10 euros ida y vuelta si lo compras junto. Una vez en la ciudad, el transporte es bastante malo. Hay una línea de tranvía que va de sur a norte y pasa por el centro, y otra que viene desde la periferia en el oeste, pero que no sirve al turista. Actualmente están mejorando estas dos líneas. Existen tarjetas para viajar en transporte público ilimitadamente si eres visitante de la ciudad, la Leap Visitor Card, pero realmente no tiene mucho aprovechamiento, a no ser que estés un solo día, ya que incluye el transporte al aeropuerto que cuesta exactamente lo que la tarjeta por lo que moverte por la ciudad todo lo que quieras en bus o tranvía te va a salir completamente gratis, tengas pensada alguna escapada con el tren de cercanías DART o no te guste nada andar. Los lugares donde adquirirla:

  • Aeropuerto de Dublín:
  • Mostrador de información de viajes y autobuses (T1, llegadas).
  • Spar (T2, llegadas).
  • Mostrador de información turística de Discover Ireland (T2, llegadas).
  • Centro de Dublín:
  • Dublin Bus, 59 Upper O’Connell St.
  • Centro Discover Ireland, 14 Upper O’Connell St.
  • Centro Visit Dublin, 25 Suffolk St.
En tranvía y tren hay que activarla al entrar y desactivarla al salir.
Nuestro alojamiento en Dublín fue en el Portobello Hotel, un hotel con pub en la planta baja, aunque en nuestra habitación no se escuchaba ruido.

Qué ver

Como en otras ciudades, existe la tarjeta que te da acceso gratuito a algunas atracciones además de transporte desde el aeropuerto con Aircoach, la Dublin Pass. Nosotros la vimos cara para lo que queríamos visitar, ya que estuvimos 4 días. Si no concentras todas las visitas en 1 día, sale cara. La validez de la tarjeta va por días de calendario, no por periodos de 24 horas. Por ejemplo, una tarjeta de 3 días que se active a las 16:00 horas de un lunes, dejaría de funcionar a las 23:59 del miércoles. No obstante, aquí tienes el enlace para ver qué ofrecen.
Dublín es una ciudad que no destaca por sus altos edificios. Los mayores están en la ribera del Liffey, cerca del puerto. En el centro, los edificios más grandes, por su volumen pero no por su altura, son los de la época colonial, los edificios neoclásicos de cuando la isla estaba regida por los ingleses.

Fábrica de Guiness

Sin duda la principal atracción de la ciudad es la Guiness Storehouse, un parque temático de la marca instalado en una parte antigua de la fábrica. Y es que la entrada (después de la cola, claro) es espectacular. Entras a un recibidor donde se encuentra la tienda y te reciben la música y pantallas de video y un alboroto como si te encontrases dentro de un discoteca de moda o unos grandes almacenes, más bien, mitad y mitad de ambos. Es más que recomendable comprar la entrada por adelantado a la hora a la que queréis entrar. Después no hay límite de tiempo para abandonar la atracción. En el centro del recibidor, en el suelo, puede verse el contrato que firmó en 1759 Arthur Guinness por el arrendamiento durante 9.000 años sobre una cervecería, por un alquiler anual de 45£. Aquí se pueden alquilar las audio-guías en cualquier idioma por 1€. Según la hora a la que elijas entrar, pagarás más o menos. Mínimo: 20€. En la planta baja, comienza la visita en sí. Justo al entrar a la derecha hay una catarata de agua, a la izquierda una piscina gigante de malta de cebada, siguiendo hacia delante plantas de lúpulo de dos pisos de altura y finalmente nos hablan de la levadura. Los cuatro ingredientes a lo grande en la planta baja. En la primera planta empiezan a contar el proceso de elaboración de la cerveza y hay maquinaria antigua. Aquí unos vídeos del maestro cervecero te van guiando por el proceso para obtener la cerveza. En la segunda planta está todo lo relacionado con la publicidad de la empresa. En la tercera, hay unos juegos interactivos y nos encontramos el primer bar que hay en la instalación. Aquí puedes tomarte gratis una pinta de la clásica Guinness stout con tu entrada. O bien puedes cambiarla por tres cañas de diferentes variedades que fabrican. Nosotros al ser dos, cambiamos las entradas para probar las 6 variedades que tenían en grifo. La única que nos mereció la pena fue una variedad de la negra un poco más fuerte. Lo bueno de este bar, es que cada hora reparten algunos vasos de cerveza, la clásica, y un tipo explica un poco los sabores y el color que tiene, y habla (muy rápido) sobre los matices y algunas cosas más. Y… sorpresa, cuando acaba la explicación y tú sigues saboreando el rojo líquido (sí, es roja), los camareros del bar comienzan a realizar una típica danza irlandesa. Ni que decir tiene que si pasas un par de horas en la fábrica, puedes pillar otro vaso de cerveza. Además, en la misma planta hay una sala de cata, donde puedes oler los aromas de los ingredientes de la cerveza que salen vaporizados y te dan un vaso con más cerveza para en la siguiente sala, explicarte cómo se debe beber. También se puede repetir si vuelves por la planta y pillas la sala abierta. En la cuarta planta hay una exposición relativa al edificio y en la quinta puedes aprender a tirar una pinta de Guinness, por lo que te dan diploma y todo (da igual lo mal que lo hagas). Además, hay otra sección de publicidad con los iconos más famosos de la marca. Existen dos restaurantes en el edificio además del bar en la tercera planta, y en la última planta hay un bar panorámico desde el que contemplar Dublín.

Catedral de San Patricio

Si abandonamos el templo de Guinness y nos volvemos más espirituales y menos espirituosos, en la capital irlandesa existen dos catedrales. La de San Patricio, patrón de Irlanda, es la iglesia más grande del país, de estilo gótico y con unos grandes jardines. En su interior hay que destacar el coro, el altar y la pila bautismal medieval.

Catedral de la Santísima Trinidad

La catedral de la Santísima Trinidad es de confesión anglicana y es mezcla de gótico y románico. Hay que reseñar su cripta, bastante extensa y la Capilla de San Lorenzo O'Toole, un santuario en forma de corazón que contiene el corazón embalsamado del santo.

Trinity College

Otro lugar que no te puedes perder en la capital irlandesa es el Trinity College, la universidad más grande del país que probablemente cuenta con la biblioteca más bonita también. Aquí estudiaron personajes importantes como Oscar Wilde, Bram Stoker o Samuel Beckett. El campus es un buen lugar para pasear. Si entras por Front Square tendrás una bonita vista de los edificios de piedra gris más antiguos del complejo. Pero por lo que de verdad lo visita la gente es su larga biblioteca de 65 metros y 200000 manuscritos, entre ellos el Libro de Kells, un evangelio iluminado del siglo IX. Hay una exposición sobre este texto antes de entrar a la majestuosa biblioteca con su olor a madera antigua y un montón de bustos de mármol que parecen vigilarte para que no toques nada.

Castillo de Dublín

Construido sobre una fortaleza vikinga, ha ido creciendo desde 1204 y ha sido desde baluarte defensivo a cárcel o tribunal. Hoy en día se utiliza para celebrar los grandes eventos del Estado, incluidas inauguraciones presidenciales. Se puede visitar por libre o en tour guiado en inglés, donde te llevarán a una bóveda subterránea en la que se pueden ver los restos de la antigua ciudad, los apartamentos de estado y la Capilla Real, quizá lo más bonito de la visita, según vimos en el folleto, porque por desgracia estaba cerrada aquellos días.

Ayuntamiento

visitar el edificio donde ahora sólo se celebran las sesiones del Consejo Municipal te llevará poco tiempo. De arquitectura georgiana, a la entrada del mismo se encuentra la Rotonda, un elegante espacio circular sostenido por columnas y con esculturas, que es lo más interesante del edificio. En los sótanos hay una exposición multimedia sobre la historia de la ciudad, con películas y objetos, aunque no merece la pena perder mucho el tiempo con ella.

Chester Beatty Library

La entrada al edificio se hace a través del Dubh Linn Garden, literalmente el jardín del estanque negro que le da nombre a la ciudad. Si entras al edificio, totalmente gratuito, encontrarás una colección de objetos procedentes de todo el mundo, con grandes piezas de origen asiático, de Oriente Medio y el norte de África. Es una visita muy recomendable.

National Gallery

Con obras irlandesas y europeas, por desgracia había varias salas cerradas en el momento de nuestra visita y de lo poco que pudimos ver, solo destacaríamos algunas pinturas que sí nos gustaron, de Jack B. Yeats y algún Picasso o Monet.

Temple Bar

En la zona de Temple Bar es donde se concentran la mayoría de bares. Pegada al río Liffey puedes llegar a ella desde la otra orilla cruzando el famoso Ha’Penny Brigde, llamado así por el medio penique que costaba cruzarlo hasta 1919. El barrio es conocido sobre todo por su gran vida nocturna, las estrechas calles se encuentran llenas de pubs y restaurantes que siempre están rebosantes de turistas y dublineses. Además de haber varias asociaciones culturales, tiendas de moda alternativa o galerías de arte, los sábados por la mañana, a partir de las 11 se celebra el Book Market un mercado de libros de segunda mano.

De paseo

Cerca del Trinity College está el barrio georgiano, con Merrion Square, un gran parque por el que pasear un rato y respirar un poco. Alrededor del mismo tienes todas estas casas de tipo georgiano que son de lo más fotografiado de Dublín, con sus puertas de diferentes colores. Cerca se encuentra también St. Stephens Green, con grandes parterres de flores y un estanque, un lugar que antiguamente era un campo de pasto de ovejas y quema de brujas.

Y un paseo por la ciudad no debe dejar de incluir Grafton Street, que es una de las calles con más encanto de la ciudad y llena de tiendas. En ella podrás disfrutar de músicos y cantantes callejeros. Aquí además se encontraba la estatua de Molly Malone, una mujer que por el día vendía pescado y por la noche se dice que se dedicaba a otros oficios, y a la que, como tantas otras estatuas en el mundo, frotarle en este caso un pecho, trae buena suerte. Debido a unas obras del tranvía la trasladaron y ahora se puede ver junto a la iglesia de St. Andrews, en la calle homónima. Al final de la calle se encuentra el centro comercial de Stephens Greens Shopping Center, que parece un invernadero gigante con su techo acristalado y su estructura metálica. Aquí puedes encontrar tiendas de todo tipo y tiene zona de restauración.

En William Street South hay otro centro comercial, el Powerscourt Centre, instalado en un antiguo edificio en el que hay unas cuantas tiendas de ropa, galerías de arte, una librería y una tienda de artículos de regalo y en cuyo patio interior hay una cafetería. Es un lugar agradable en el que tomar algo o descansar un rato y refugiarse del clima.

Otra calle muy concurrida es O’Connell Street, una amplia avenida con grandes aceras y en la que se pueden ver varios monumentos, entre ellos The Spire, la gran aguja de 120 metros de altura construida en 2003 en el lugar en el que antes había otro monumento destruido en un ataque del IRA. También hay una estatua de Daniel O’Connell, quien da nombre a la calle y que consiguió varios derechos para los católicos irlandeses frente a los gobernantes ingleses. La Oficina Central de Correos de Dublín es otro edificio singular que se encuentra en esta calle. Construida en 1818, tiene un gran pórtico en piedra de estilo neoclásico.

Lo que nos faltó

Evidentemente, siempre hay más cosas por visitar. Por ejemplo, la Destilería Jameson, la cárcel de Kilmainham, el cementerio de Glasnevin, el Phoenix Park (uno de los parques más grandes del mundo donde también se encuentra el zoo) o el Museo Nacional de Arqueología, así como otros museos que cuentan la historia de Dublin, tanto pasada como reciente, pero nosotros visitamos lo que nos pareció más interesante, y como se suele decir, sobre gustos, no hay nada escrito.

Dónde comer

Cómo ya hemos comentado, en la zona de Temple Bar hay varios pubs, y muchos orientados al turista. Vamos a destacar otros sitios de comida y bebida en la ciudad:
  • Kennedys: cerca del Trinity encontramos este pub con comida casera francamente buena.
  • The Beer Market: un local con una decoración muy chula donde tienes 20 grifos de cerveza, tanto artesanal del país, como internacional.
  • Queen of Tarts: con dos locales cerca de la zona del ayuntamiento, donde probar gran variedad de tartas bastante buenas.

De excursión

De O'Conell Street parten las excursiones de las distintas agencias de viajes que operan en la ciudad. Nosotros realizamos una que incluía la visita a un par de edificios singulares y luego una excursión senderista por unos acantilados.
En esta excursión la primera parada fue el Casino Marino, un edificio a las afueras de Dublín. Es pequeño edificio de estilo neoclásico del siglo XVIII construida como casita de recreo para el primer conde de Charlemont. Tiene 16 estancias y en el tour nos explicaron la historia y los recursos arquitectónicos que se usaron en ella.
La siguiente parada fue el Castillo de Malahide, una fortaleza que perteneció a la familia Talbot desde 1185 a 1976. Destacan sus torres, sus muebles antiguos y los enormes jardines. Nos dieron una audioguía pero no nos fue posible ir por nuestra cuenta, tuvimos que entrar con otro grupo que llevaba guía en inglés. Bastante decepcionante el recorrido, la audioguía no explicaba mucho y tenías que esperar a que la guía acabase su explicación, mucho más extensa en algunas habitaciones y mucho más corta en otras, para poder pasar a la siguiente estancia, por lo que al final no sabías si quitarte la audioguía y escuchar la explicación en inglés o ponértela para escuchar lo grabado en castellano. Casi mejor ir por vuestra cuenta y hacer el tour en inglés.

Finalmente nos llevaron a la península de Howth, un entorno natural cerca de la capital irlandesa, por donde hicimos un recorrido de aproximadamente una hora de duración por un sendero recorriendo unos acantilados que no tenían nada de reseñable, mientras el guía se subía al autobús y se iba al pueblo que da nombre a la península sin acompañarnos en el recorrido. Lo mejor de la excursión fue la comida en el pueblo, marisco fresco y muy rico. Después de la misma y de ver leones marinos en el puerto, volvimos a Dublín. Nos quedamos con ganas de hacer otra excursión a Newgrange, pero tuvimos que cambiarla por esta porque a pesar de reservarla, nos llamaron al día siguiente para decirnos que la otra estaba completa.

El mapa

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