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    Las cuatro estaciones

    Sentir su aliento en el cuello. Acariciar sus caderas. Respirar su perfume. Disfrutar del sabor de su boca. Ser poderoso. Poseer su piel, su cuerpo, su mente, su alma. Ofrecerle tu piel, tu cuerpo, tu mente… tu alma. Llámalo amor. Llámalo adrenalina. Amorelina. Manos que queman, pulsaciones aceleradas, sudor que baña las orillas de vuestros cuerpos desnudos. Corazón desbocado. Caen las hojas que antes se mantenían fuertes en las ramas, soportando los envites del viento y la gravedad. El verdor y la frescura dejan paso al marrón y el gris, a la putrefacción de los sueños rotos, de las ilusiones quebradas, que ahora se acumulan al pie de aquel árbol…

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    El alquimista

    Minúsculas y rojas esferas brillantes llenaban la habitación flotando en el aire. Se sentía exultante. Tras sus pequeñas gafas, sus ojos chisporroteaban como cargados de electricidad, como alimentados por una batería situada dentro de su cabeza que mandaba corrientes que iluminaban sus pupilas. Lo había logrado después de tanto tiempo, de tantos experimentos frustrantes y tantas desilusiones que habían conseguido que dudase de su empresa, que habían sembrado la incertidumbre en su corazón, y ésta había ido creciendo poco a poco, regándose con cada amargo fracaso, nutriéndose con cada maldito tropiezo. Pero esta vez no. Esta vez había dado con la fórmula. Y era sencilla. Realmente sencilla. Sin embargo, varios…

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    Siempre te querré

    Siempre te querré. Jamás pensé que aquellas tres palabras habrían de ser la maldición que me acompañaría el resto de mi vida. Cuando uno pronuncia esas palabras quiere creer que serán verdad. Lo hace bajo el influjo de eso que llamamos amor, del anhelo por compartir con otro ser, distinto a nosotros, toda una vida plena de felicidad. Por lo general, esta frase, escupida por boca de millones de amantes durante toda la historia de la humanidad, siempre ha sido agua de borrajas. Cuando yo las pronuncié, quise, como muchos otros antes, creer que eran verdad. Siempre te querré. Ahora, desearía que esas tres palabras hace tanto tiempo pronunciadas, se…

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    La extraña historia de la chica y los gatos

    La mayoría de la gente pensaba que era una muchacha extraña. Cuando el fenómeno comenzó, esa mayoría se convirtió en la totalidad del pueblo. La noticia se extendió como un reguero de pólvora, de boca en boca. ¿Cómo era posible? ¿Qué tenía aquella chica de piel pálida para que todos los felinos de la villa la siguiesen sin descanso fuese donde fuese?Multitud de teorías circulaban tratando de explicar aquello. En bares, plazas, supermercados e incluso durante la misa de los domingos, se lanzaban al aire todo tipo de suposiciones, desde las más cabales a las más disparatadas, aunque generalmente ninguna terminaba de cuajar entre el sentir popular como válida y…

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    Génesis

    Estaba enamorado de ella. Cuando las primeras partículas nacidas del Big Bang surgieron y comenzaron a expandirse por el Universo, él ya estaba enamorado de ella. Cuando se formaron los primeros elementos y empezaron a combinarse para constituir compuestos más complejos, él ya estaba enamorado de ella. Cuando las primeras galaxias iniciaron su andadura, él ya estaba enamorado de ella. Cuando los primeros organismos crecieron en nuestro planeta y mezclaron sus células, él ya estaba enamorado de ella. Cuando los primeros hombres poblaron el mundo, él ya estaba enamorado de ella. Cuando la vio por primera vez, lo supo.

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